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14/02/10

también se puede debatir sobre educación en foros filosóficos

Opina: 
La otra cara del Plan Ceibal:
Informática en la educación formal (P.R)
El asunto es bien claro y no hay que buscarle ninguna vuelta extraña y contaminada de ideología afectiva a favor de tal o cual gobierno: el uso de cualquier medio tecnológico nunca es bueno o malo de por sí. El factor humano, el que lleva adelante el uso de esa herramienta siguen siendo lo decisivo. Si le damos laptops a unos monos no se van a volver monos críticos ni mejorarán su condición de vida ni democratizará n más su comunidad. La tecnología hay que fomentarla, desarrollarla y hacerla llegar a todos. Pero hay un paso más por dar y es el de contribuir a que su uso sea el mejor posible para el individuo y su comunidad. La tecnología es una herramienta, un medio, nunca en fin en sí mismo. No hay que olvidar esto, para no caer en la lógica de las recetas fáciles que creen que repartiendo máquinas están generando una sociedad más justa y crítica. Puede ser el primer paso para lograrlo, como puede ser el primer paso a generar una sociedad idiotizada frente a una computadora. Los adolescentes con que trabajo si se les deja usar libremente las computadoras fundamentalmente la usan para jugar juegos online y ver porno en internet (y alguno para chatear). Y pasan horas y horas en tales asuntos. Y ni siquiera les interesa ir a jugar al futbol o reunirse con amigos (más si es que pueden reunirse con ellos en el chat). Puede que algunos crean que ese es el camino hacia una sociedad inteligente y que brinda más oportunidades. Yo creo que más allá de la faceta hedonista del uso de las computadoras, hay que darle otra dimensión y para esto se necesita personal docente y programas educativos que encaminen el tema. El punto, pues, es tener políticas educativas que acompañen el uso de esas tecnologías y que hagan de su uso algo inteligente.
El plan Ceibal es algo notable, pero mal entendido y mal encaminado puede resultar un fracaso. Les paso este link, de una maestra que denuncia el uso que una niña le estaba dando a su ceibalita en plena clase:
Quienes trabajamos en educación informática tenemos bien claro que esa es la realidad. Esto significa que el Ceibal es malo. No, para nada. Pero hay que saber conducirlo y no poner indiscriminadamente y sin guías docentes ese potencial tecnológico en manos de niños y adolescentes. Y que el gobierno esté recortando las horas docentes de Informática, eliminado puestos de trabajo con el fin de sustituir finalmente al factor humano por las tan mentadas ceibalitas es una muy pero muy mala señal. Las declaraciones de Alex Mazzei, máxima autoridad de educación secundaria, sobre el tema son bien claras: cree que con las ceibalitas ya no será necesario tener clases de aula de Informática. Sencillamente, un espanto pedagógico y una ceguera que tendrá sus costos educativos.
D.: ¿Qué opinión te merece internet? ¿Es un síntoma de domesticación o tiene un peso específico como herramienta transformadora?
J.Z.: Creo que ambas cosas. No sé aquí, pero en EE UU pasamos nuestra vida frente a la pantalla. Somos adictos a este tipo de interacción, supongo que por el nivel de desamparo existente. Hoy un amigo es alguien a quien probablemente nunca hayas visto en persona, vamos a todos lados con el móvil en la oreja. Parece que nadie quiere estar presente en este mundo arrasado, siempre estamos en otra parte. Pero no existe otra parte. Este mundo se define por la tecnología, la tecnocultura se expande con gran velocidad, a pesar de ser económicamente excluyente. Y en la base de este proceso está el posmodernismo, que se caracteriza por la adopción incondicional de la tecnología, así como por la pérdida de las ideas de causalidad, valor o significado. Sólo deja espacio a lo momentáneo y trivial.
D.: ¿Crees que este sistema se ha implementado desde arriba o se trata de una deriva que nos hemos trabajado nosotros mismos?
J.Z.: Creo que esta situación proviene de nuestro sistema de consumo. Y será imposible abordar el problema eficazmente sin aplicar una crítica radical a este fenómeno, porque la tecnología en sí es neutral. Si no politizamos la cuestión de su uso y las raíces de su existencia es imposible frenar esta situación. Los efectos negativos de este modelo son visibles en la salud física y mental de nuestra sociedad. Por ejemplo, el fenómeno de los tiroteos en escuelas e instituciones. Estas manifestaciones patológicas se producen en los países más desarrollados –EE UU, Finlandia o Alemania–, como síntomas de una sociedad disfuncional, del vacío de un mundo uniformizado que está acabando con la idea de comunidad y tantos otros conceptos importantes en nuestra vida. Mientras sigamos apostando por una sociedad tecnológica de masas, como hace la izquierda, no seremos capaces de librarnos de todo este lastre y regresar a una experiencia directa del mundo.

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